Del 31 de mayo al 16 de junio de 2024 / Parque de El Retiro

‘El yo’ sobre el papel: del dolor al arte en la autoficción escrita por mujeres

Sara Bellido: «Explorar temáticas desde una perspectiva contemporánea, intimista y desvergonzada, como señala Luna Miguel, se antoja un ejercicio tan necesario como placentero para todos los lectores y lectoras». 
Alana Portero en la Feria del Libro de Madrid de 2023

Por Sara Bellido

«Contar el yo ha dejado de dar vergüenza, no a las escritoras sino a los lectores», sentencia Luna Miguel. Esta afirmación cobra peso tras observar el movimiento literario de los últimos años: la autoficción ha conseguido abrirse un hueco entre los géneros más populares. Las historias que lideran en las librerías beben del yo, y en particular destacan los títulos de escritoras mujeres que se inspiran en sus vivencias y experiencias personales a la hora de escribir. Algunos de los temas favoritos para llevar al papel son la familia, la infancia, el deseo femenino o las relaciones contemporáneas, como reflejan las obras de las dos autoras de autoficción que más resuenan en la actualidad, Vivian Gornick y Annie Ernaux.

Luna Miguel, Marta Jiménez Serrano, Sara Búho, Noemí Casquets, Katya Adaui y Alana S. Portero han visitado estos días la Feria del Libro de Madrid donde han compartido sus opiniones y reflexiones sobre la fuerza de entregarse a la escritura, las temáticas que dirigen su propia narrativa y por qué son precisamente las mujeres las que escriben en primera línea.

«No es una tendencia actual, el yo siempre ha estado presente». Así se pronuncia la escritora y ensayista Luna Miguel. Para la madrileña, que ha publicado este año Un amor español, una oda al cuerpo y al deseo, es a partir de Christine de Pizan —escritora y filósofa francesa del siglo XV, autora de la Ciudad de las damas—,  cuando contar el yo dejó de dar pudor. El cambio reside entonces en que ahora esa narrativa sí atrae lectores.

La escritora peruana Katya Adaui concreta que este fenómeno viene a la par de la revalorización del trabajo de la mujer: «Quizás se percibe el cambio en la escritura con una fuerza importante porque se ha luchado por estos espacios. No nos fueron dados». Obsesionada con escribir sobre la infancia y explorar la ternura, Adaui reconoce que en el ejercicio de la escritura crea siempre, de manera natural, personajes masculinos. Añade que una temática que debe tratar de explorarse desde la contemporaneidad es la inmigración.

Una de las temáticas favoritas por las autoras son las relaciones sexoafectivas. Marta Jiménez Serrano, tras el éxito de su novela Los nombres propios, sigue explorando las relaciones contemporáneas en su recién publicado libro de relatos No todo el mundo. Escritora vinculada a la literatura intimista y al romance, sonríe al reconocer que no le molesta esta etiqueta, y que «está siendo divertido hablar tanto de amor». Para crear sus historias bebe de todo lo que vive, observa y le cuentan, por lo que al final «es difícil no poner tus propias vivencias y experiencias en los personajes que construyes». 

Jiménez no sigue pautas para narrar las relaciones interpersonales, sigue realmente una regla no escrita que utiliza también en su vida personal, «creo mucho en que cada uno se responsabilice de sus afectos, de lo que hace y deja de hacer». Alana S. Portero, autora de La mala costumbre, puede enumerar unas claves que seguir para no caer en patrones manidos a la hora de narrar: «la escucha, la empatía, y no obsesionarse por comprenderse. Intentamos ahondar demasiado en quienes somos, y eso llega con el tiempo». Defender la propia voz, sin miedo a romper la tradición es lo esencial para Katya Adaui, «lo lindo es que ya no buscamos la novela universal, sino que defendemos nuestras escrituras raras». Si la voz propia es lo que mueve una escritura interesante, el yo se vuelve ineludible. Ahora bien, «como ha demostrado Annie Ernaux, no interesa tanto tu dolor, sino cómo lo has convertido en arte».

El debut literario de Alana S. Portero narra la adolescencia de una niña del barrio de San Blas, en Madrid, atrapada en un cuerpo que no sabe habitar. La autora pronuncia un sí rotundo a la pregunta del millón: “¿Recae la escritura de las nuevas relaciones contemporáneas en las mujeres escritoras?”. «Las mujeres estamos arriesgando más, abriendo un nuevo campo de visión. Tenemos un punto de empatía que me parece superior», afirma. Desde el yo escribe también la poeta Sara Búho, que trabaja actualmente en su primera novela. Reconoce que darse cuenta de que su escritura siempre bebe de su experiencia personal le lleva a indagar en el por qué de la fuerza que tiene la narrativa actual escrita por mujeres:  «Lo que traslada uno a la ficción parte de lo que experimenta, y lo que hemos experimentado las mujeres durante muy poco tiempo un despertar muy fuerte. Eso repercute en las historias». 

Noemí Casquets coincide con Portero: se debe arriesgar para aumentar la diversidad de narrativas literarias. «Me cuesta encontrar una literatura que esté más allá de ciertos patrones que siguen oprimiendo a los personajes femeninos», comparte la divulgadora sexual. Ella también está de estreno literario. Éxtasis, su nueva novela está vinculada a la ficción, pero sigue su línea de investigación: el descubrimiento del placer femenino. Confiesa que una de las razones que motivan su escritura es haber encontrado en la novela erótica —una y otra vez—, la figura del hombre como empotrador en las relaciones sexoafectivas: «intento romper con esos esquemas y abrir a la diversidad. Cada vez narro más ese mundo que me gustaría que existiera, en base a valores feministas, de consentimiento, de comunicación y respeto». En palabras de Luna Miguel, es necesario un ejercicio consciente para solucionar el hecho de que «durante nuestra adolescencia hayamos leído siempre a más hombres». Este feminismo literario no debe dejar de lado la necesidad imperiosa de leer a los clásicos, pero sí se antoja imprescindible «leer de otra manera, utilizando toda la teoría que hemos aprendido en esta última década», concluye Miguel.

La importancia y la influencia que posee el producto cultural consumido en quienes somos es innegable. El imaginario colectivo bebe de las referencias que encuentra en el cine y en la literatura, y de otras artes como el teatro o la música. No siempre es fácil saber elegir o discriminar cuáles de esas referencias nos aportan. Jiménez en este caso tiene un ejemplo claro. Es fan de las historias de Sally Rooney, pero esas relaciones que disfruta en la ficción, las evita en su vida. Noemí Casquets denuncia que ese imaginario es muy sistémico, y que actuamos por reflejo e imitación de lo que consumimos. Por ello otorga gran importancia a crear nuevas narrativas ya sean audiovisuales, literarias o musicales donde «nos podamos encontrar y sentir identificadas, y haya más diversidad racial y sexual». Una de las temáticas menos exploradas son las relaciones no monógamas o las relaciones abiertas frente a la gran cantidad de «historias protagonizadas por relaciones heterobásicas que están ligadas a celos y posesiones». Pero ¿cuáles son las claves para no narrar las relaciones contemporáneas desde los mismos patrones? Lo principal para Casquets es su proceso personal de deconstrucción. 

Sara Búho, que comenzó publicando poemas en Instagram, tiene un público lector mayoritariamente femenino. Indagando en el por qué, llega a una conclusión: es más fácil «que sientan como yo». Por ello quizás Búho, que se encuentra inmersa en el trabajo de encontrar una voz narrativa, se ha acercado como lectora a autoras con las que se identifica, que entiende como genuinas y directas, como Annie Ernaux o Peri Rossi.

El Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España, publicado por la Federación de Gremios de Editores con datos de 2022 indican que las mujeres leen más. En la media natural los lectores son 69,9% mujeres, frente al 59,5% de hombres lectores. «Las lectoras experimentan a través de la voz de la otra, y parece que por fin se empieza a considerar literatura, el canon abre sus puertas», añade Luna Miguel. Entre sus referentes resaltan Marta Jiménez y Sara Torres. Esta última, escritora de Lo que hay, reconoce, como escritora lesbiana, que escribe siempre teniendo un escritor macho dentro. Para Miguel, que define a Torres como un icono literario, esta idea resume a la perfección el arduo trabajo que supone hablar del deseo, de la sexualidad femenina, sin caer en lo intrínseco de haber crecido leyendo a autores hombres. «Una solo puede luchar contra eso, probando. Prueba y error», reconoce Luna, «y yo quiero estar ahí».

A la diversidad de temas que se suman y amplían a la narrativa actual, no tanto por la novedad que suponen en sí mismas, sino por los enfoques, las voces y las aristas que se investigan, le faltan algunas otras que deben ser más profundamente exploradas por la importancia que están ganando fuera de la literatura, en la vida real: la ecología, el cambio climático o la vida contemporánea en la periferia. María Sánchez o Layla Martínez son algunas de las autoras que están indagando sobre estos temas en literatura. Kayta Adaui destaca la importancia de dar nombres cuando se tiene la suerte de estar incluida en espacios visibles, cuando se ha llegado a ellos: Gabriela Wiener, Virginia Benavides, Rocío Quillahuaman y María José Caro. 

Es de esta manera, realimentando una cadena de lecturas compartidas, recomendando títulos originales, destacando autoras que narran con voz propia y prueban nuevas temas, como se consigue que la oferta literaria se diversifique; que se siga explorando nuevos temas y que se profundice en los existentes. Si el yo se impone en el papel sin miedo y sin pudor, explorar temáticas desde una perspectiva contemporánea, intimista y desvergonzada, como señala Luna Miguel, se antoja un ejercicio tan necesario como placentero para todos los lectores y lectoras. 

Foto © Isabel Infantes

 

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