La risa tiene algo de universal; el humor, no tanto. En la Feria del Libro de Madrid conviven acentos, lenguas y formas de mirar el mundo que se cruzan entre casetas, terrazas y pabellones. Y, sin embargo, hay momentos en los que todo parece alinearse: una risa compartida, un mismo remate entendido desde lugares distintos.
Pero ¿puede traducirse aquello que provoca una sonrisa? Sobre esa pregunta giró buena parte de la jornada de hoy, donde traductores y editoriales —agentes clave de este intercambio— reflexionaron sobre qué implica trasladar el humor de una lengua a otra y qué se pone en juego cuando lo que se intenta mover no es solo el sentido de las palabras, sino también aquello que las hace graciosas.
La escritora Irene Pujadas es prueba de ello. La autora de L’intrusa participó en la tercera edición de ‘La cabina del libro’ y explicó que la traducción es un trabajo especialmente delicado. Muchas de las expresiones de su novela apelaban a un contexto cultural muy concreto y, fuera de él, perdían parte de su sentido y de su gracia. «Había que mantener la esencia del texto», señalaba. Aunque maneja el castellano con soltura, reconocía que no es una lengua en la que se sienta igual de cómoda para construir ese humor cotidiano y personal que caracteriza su escritura. Por eso, la labor de su traductor resultó fundamental para conservar el tono y la resonancia de la obra.
Traducir también es construir puentes
Durante dos jornadas, la Feria acogió la segunda edición del Encuentro profesional para la traducción. Traductores con experiencia internacional se reunieron con pequeñas y medianas editoriales españolas, y con autores aún no traducidos al inglés, con el objetivo de favorecer la circulación de la literatura en español en el mercado anglosajón.
En esta edición participaron Samantha Schnee, Katie King, Lisa Dillman, Charlotte Whittle, Carolina Orloff y Eunice Rodríguez Ferguson. Todos coincidieron en destacar la importancia de estos espacios para cruzar fronteras geográficas y lingüísticas, conocer de primera mano los catálogos editoriales y descubrir nuevas voces con potencial internacional.
Katie King destacó el valor de la iniciativa como una oportunidad para acercarse a editoriales independientes y autores y autoras emergentes, subrayando además el reto que supone trabajar con el humor, «uno de los desafíos y, al mismo tiempo, de las mayores alegrías» de su labor como traductora.
Por su parte, Carolina Orloff, cofundadora de Charco Press, especializada en la traducción de autores latinoamericanos al inglés, puso el acento en la importancia del contacto directo con editoriales y proyectos que difícilmente pueden conocerse desde la distancia. Como editora y traductora, defendió el valor de estas conversaciones para identificar nuevas voces con capacidad de circular internacionalmente, especialmente en un contexto en el que el inglés continúa funcionando como lengua puente hacia otros mercados.
Samantha Schnee también valoró muy positivamente la experiencia, destacando el creciente interés por la literatura traducida, especialmente entre lectores jóvenes que encuentran en ella una forma de acercarse a otras culturas, perspectivas y realidades.
Traducir no solo cumple un papel fundamental en la circulación de los libros, también puede convertirse en una herramienta de integración. Así lo expusieron miembros de la CPA Hortaleza dependiente de AMAS (Agencia Madrileña de Atención Social – Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales) durante la actividad ‘El humor como idioma universal’ —coordinada por Almudena Mestre Izquierdo—, donde trabajaron con chicos y chicas migrantes de diversas procedencias, contextos culturales y lingüísticos acogidos en sus programas.
Allí, el humor apareció precisamente donde la lengua todavía no alcanzaba. «No tenemos 187 traductores para todas las lenguas, así que uno de los vehículos de aprendizaje es el humor», explicaba José Santos González, subdirector del Centro de Protección de Primera Acogida Hortaleza. Si bien el aprendizaje del idioma resulta fundamental para la integración, los educadores señalaron que la risa puede convertirse en ese primer punto de contacto capaz de acercar a personas que aún no comparten una lengua común. No sustituye la traducción, pero sí la acompaña.
El humor en tránsito
Traducir no consiste únicamente en trasladar palabras de una lengua a otra, sino en preservar el espíritu de una obra. Esa fue una de las ideas centrales de ‘El humor en tránsito’, la mesa que puso el broche final al Encuentro profesional para la traducción.
Lisa Dillman señaló que una de las cuestiones fundamentales consiste en preguntarse a quién va dirigido un determinado humor: quién entiende la referencia y quién queda fuera de ella. No todos reímos de las mismas cosas, y esa diversidad forma parte de la riqueza del lenguaje humorístico. Sin embargo, la traducción persigue ampliar esa comunidad de lectores y reproducir en otro idioma el mismo efecto que provoca el texto original.
Los participantes coincidieron en que esta tarea resulta especialmente compleja porque cada lengua posee su propia musicalidad, sus referencias culturales y sus códigos compartidos. Y eso no ocurre únicamente entre idiomas distintos, sino también entre variantes de una misma lengua.
El traductor Andrés Barba señalaba que aquello que hace reír a un lector mexicano no necesariamente provocará la misma reacción en un lector español. Ambos comparten idioma, pero también imaginarios, ritmos y asociaciones diferentes. «Si yo digo “pan” ahora mismo, cada quien estará pensando en un tipo de pan diferente. El humor funciona igual», resumía la moderadora. Incluso una traducción literal puede perder fuerza si no tiene en cuenta ese contexto.
El humor no viaja intacto: se adapta, se negocia, se reconstruye. Cambian las palabras, los ritmos, las referencias y las cadencias, pero algo permanece: la voluntad de provocar una reacción compartida en quien lee. Traducir no consiste en repetir un chiste palabra por palabra, sino en lograr que produzca el mismo efecto en otro contexto cultural.
Quizá por eso la traducción y el humor comparten una misma aspiración: encontrar un terreno común entre personas que no necesariamente comparten la misma lengua. Y pocas imágenes resumen mejor esa búsqueda que las que dejó hoy la Feria, donde traductores, lectores y jóvenes llegados de distintos países comprobaron que, a veces, una sonrisa consigue cruzar fronteras antes que las propias palabras.
Fotos © Gustavo Valiente


