«Cuando estás leyendo un libro tan bueno, querrías poder meterte dentro», decía Meg Ryan desde su encantadora librería del Upper West Side en Tienes un e-mail, esa comedia romántica donde los libros, el amor y Nueva York se entrelazan con la misma naturalidad con la que hoy lo han hecho en El Retiro. Porque esta ha sido una jornada de librerías —de quienes habitan los libros y construyen comunidad—, pero también de cine y de ciudades que laten como escenarios. Si algo han demostrado las casetas y los pabellones es que esta Feria no solo se lee: se vive como una película.
Este martes, con las alertas meteorológicas ya apaciguadas, El Retiro recuperó su ritmo. Por la mañana llegaron los colegios, con talleres como ‘Crea tu propio exlibris’ en el Pabellón Infantil. Y por la tarde, la cámara enfocaba claramente a los libreros.
A las 15:00, Jesús González, subdirector general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas presentó las líneas de apoyo del Ministerio de Cultura destinadas a librerías y, en definitiva, a proteger un oficio que, como se repetiría después, requiere comunidad, fondo vivo y mucho, muchísimo trabajo diario.
Pensando en ellas, se diseñaron también los contenidos de la gran cita del día. Tuvo lugar en el Pabellón Iberoamericano. Organizada por la librería Cálamo (Zaragoza) y presentada por Luis M. Tigeras, presidente de la Asociación de Librerías de Madrid, la serie de charlas profesionales ‘Otra Mirada: Encuentro de Librerías y Editoriales Independientes Iberoamericanas’ sacó por unas horas a algunos libreros y libreras de sus casetas que protagonizaron tres mesas consecutivas que fueron, en realidad, un homenaje coral al oficio.
La primera mesa, titulada ‘De lo que se trata es de vender libros. Que levante la mano quien tenga la tecla mágica’, reunió a Pablo Cerezo (Librería Pérgamo), Lola Larumbe (Librería Alberti), Giuseppe Maio (Enclave de Libros) y Cristina Benavides (Librería Lex Nova), con moderación de Miguel Ángel Vázquez (Librería La Imprenta). Durante una hora compartieron estrategias, certezas y muchas dudas, sin solemnidad y con sentido práctico. Se habló de cómo consolidar un fondo, de tener los pies en la tierra, de la importancia de tejer comunidad… y también de trabajar mucho. Pero todo atravesado por algo esencial: la pasión por estar cerca de los libros.
La segunda mesa, ‘Otros acentos. Solo hace falta querer tener oído’, giró en torno a librerías y editoriales con acento latino. Un diálogo entre dos orillas que cada vez se sienten más próximas. Violeta Kerszberg (Editorial Eterna Cadencia), Guillermo Quijas (Editorial Almadía), Isabel Giraldo (Librería El Retiro de las Letras) y Raquel Garzón (Olavide Bar de Libros) conversaron sobre cómo tender puentes, cómo sostener catálogos que crucen fronteras y cómo habitar el idioma como una casa común. Moderó Diego Moreno (Nórdica Libros), que cerró el encuentro con una idea que sobrevoló toda la conversación: que hay un mercado compartido, y que esta ciudad está más que dispuesta a acoger libros que, gracias a libreros y editores valientes, cruzan océanos y llegan a nuevas manos.
La tercera y última mesa, ‘La historia va por barrios’, bajó al terreno concreto de la ciudad. Igor Muñiz (Librería Muga, Vallecas), Paula Bordonada (Derivas, Carabanchel), Patricia Chica (La Libre de Barrio, Leganés) y Cristina López Pavón (Vino a por Letras, Getafe), moderados por Fernando Valverde (Jarcha, Vicálvaro), hablaron de lo que significa abrir una librería en los márgenes del centro, sostenerla como espacio cultural, acercar los libros a los vecinos… y no rendirse. La historia va por barrios, sí, pero también por resistencias. Y si algo quedó claro es que todo el vecindario mejora cuando una librería se convierte en el núcleo de su vida cultural.
Volviendo a la romántica librería neoyorquina que abría esta crónica, esta tarde el cine ambientado en Manhattan también tuvo su lugar con dos actividades distintas pero conectadas por un mismo escenario: Nueva York.
En el Pabellón CaixaBank, la Filmoteca Española y la editorial Pepitas de Calabaza organizaron una charla sobre la ciudad como forja de un cineasta, centrada en Iván Zulueta y los seis meses que pasó en Manhattan. Más tarde, en la Biblioteca Eugenio Trías, ‘Nueva York pantalla: del llanto a la risa’ reunió a Pepa Blanes, Noel Ceballos y Carlos Marañón —moderados por Pepe Tesoro— para hablar de esa ciudad que tantas veces hemos vivido a través del cine. Una ciudad emblema del sueño americano, que —como se dijo— refleja «esa decadencia y resurgir presentes en películas de gánsteres, ciencia ficción, superhéroes, comedias románticas, sitcoms y, en general, todo el imaginario americano».
La jornada se cerró con un episodio en directo del pódcast Amiga, date cuenta, de Primavera Sound, que trajo a El Retiro una dosis de cultura pop, política y humor feminista. Porque esta Feria también es eso: un lugar donde todo cabe, si está bien contado. Hoy, especialmente, El Retiro se convirtió en un plató neoyorquino donde las verdaderas protagonistas fueron las librerías.


