Parque de El Retiro, del 29 de mayo al 14 de junio
LUNES-VIERNES: 10:30-14:00 y 17:00-21:00
SÁBADOS Y DOMINGOS: 10:30-15:00 y 17:00-21:00

Dime de qué te ríes y te diré quién eres

La jornada del martes convirtió la risa en una herramienta para pensar la identidad, los códigos sociales y las distintas maneras de habitar la realidad.

La risa también delata. Eso en la Feria del Libro de Madrid se percibe en cosas pequeñas: en quién esboza una sonrisa antes de que llegue el remate, en qué comentario activa una mirada cómplice inmediata, en qué chiste se queda en silencio.

No aparece de la nada. Se construye —a veces sin darnos cuenta— a partir del contexto, la experiencia y los códigos compartidos que vamos acumulando con el tiempo. Por eso, lo que nos hace gracia dice tanto de nosotros como cualquier otra forma de expresión identitaria. 

Esa relación entre humor e identidad apareció con claridad en la charla La influencia del español de Puerto Rico, en una conversación entre Fernando Feliú y Endika Baráñez. Desde una identidad históricamente híbrida, el humor puertorriqueño ha funcionado como una forma de aceptación y, al mismo tiempo, de crítica con un ritmo más complejo, influido por tradiciones diversas y capaz de moverse entre registros. Un humor que no solo refleja una identidad, sino que también la pone en cuestión. 

Al hablar de qué le hacía gracia, Feliú señalaba un cambio generacional: del rechazo a formas hoy obsoletas hacia el juego de palabras o el humor situacional. Incluso en referentes como Bad Bunny —parte de ese ecosistema cultural compartido que ha llegado desde Puerto Rico hasta Latinoamérica— el humor aparece como un código cargado de contexto: no siempre inmediato, pero sí revelador. A través de ese lenguaje, además, ha logrado posicionar a Puerto Rico con referencias que resuenan en toda Latinoamérica, reforzando un sentimiento de identidad compartida. Y es ahí donde la Feria escribe: en ese cruce de lenguajes que muestra que lo que nos hace reír también dice quiénes somos. 

Pero la identidad que revela el humor no es solo cultural o territorial. También puede ser social. En ‘El discreto humor de la burguesía’, Bárbara Arena, Raquel Peláez y Kiko Amat exploraron cómo la risa suele señalar códigos de pertenencia, privilegios y maneras de estar en el mundo. «Todos somos el pijo de otro», resumió Peláez durante una conversación que giró alrededor de una idea sencilla: aquello que consideramos ridículo depende muchas veces del lugar desde el que miramos. Más que del dinero o del estatus, el humor hablaba aquí de gestos, referencias y formas de comportarse que permiten reconocer una identidad colectiva. Y, como ocurre con cualquier otro lenguaje, basta una broma para ponerlos al descubierto.

Lo que nos hace reír también puede generar distancia. Entender el humor implica reconocer referencias, modismos y ritmos que no siempre se comparten. En Traducir el humor: puentes entre los países nórdicos y España, traductores señalaron esa fricción entre un humor más irónico y rápido y otro más pausado. No siempre hace falta suavizarla: a veces, ese desfase es precisamente lo que permite acceder a lo ajeno. No todos nos reímos de lo mismo. Y ahí, en esa diferencia, también se construye identidad. 

Si la risa revela quiénes somos, tampoco parece existir una única explicación de por qué reímos. Y justo esa pregunta —que da título a la charla ¿De qué nos reímos?— abr una paradoja interesante. En la conversación protagonizada por Eva Hache, Bernat Castany y Julián Génisson, moderada por Laura Fernández, no hubo consenso. Para unos, es una forma de supervivencia; para otros, una herramienta para relativizar la realidad o reforzar los vínculos con los demás. Hubo incluso quien defendió que la risa no necesita justificación alguna y quien sugirió que, en ocasiones, nos reímos como reflejo automático, simplemente porque alguien más lo hace. El desacuerdo resultó revelador: del mismo modo que no todas las sociedades encuentran gracioso lo mismo, tampoco comparten necesariamente una misma idea sobre para qué sirve el humor. Y, en consecuencia, no solo cambia lo que nos hace reír; también cambia la explicación que damos a nuestra propia risa. 

Pero entonces, ¿qué nos da risa realmente? La pregunta también salió de los pabellones y llegó a las casetas. Al consultar a los libreros y libreras de qué se reían, las respuestas dibujaron un retrato inesperadamente coherente. Hubo quien habló de los juegos de palabras, de las ironías involuntarias de los niños, de las parejas que se regalan libros mientras se burlan cariñosamente de los gustos del otro o de los memes que irrumpen en las conversaciones más tensas. Otros encontraron el humor en las contradicciones políticas o en aquello que permanece oculto bajo la apariencia de normalidad. Ninguno respondió simplemente «los chistes». Quizá porque quienes viven rodeados de historias terminan encontrando la risa en el mismo lugar donde buscan los relatos: en esos pequeños desajustes de la realidad que, al final, también dicen quiénes somos. 

Fotos © Gustavo Valiente

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