Parque de El Retiro, del 29 de mayo al 14 de junio
LUNES-VIERNES: 10:30-14:00 y 17:00-21:00
SÁBADOS Y DOMINGOS: 10:30-15:00 y 17:00-21:00

Un cierre sin remate

La última jornada de la FLMadrid26 estuvo marcada por el anuncio del tema de la próxima edición, dedicada a las memorias, y por los homenajes a figuras como Jorge Luis Borges, António Lobo Antunes, María Zambrano y Rafael Azcona. Aunque la alerta naranja obligó a adelantar el cierre, la 85.ª edición se despide dejando tras de sí una red de afectos, lecturas compartidas y recuerdos que ya son historia.

El último domingo de Feria dejó una inevitable sensación de déjà vu. Tras 16 días sin rastro de nubes, la jornada final quiso recordarnos —aunque fuera en miniatura— lo que fue la 84.ª edición. La ola de calor y los avisos de tormenta eléctrica hicieron su aparición, con alerta naranja en la segunda mitad del día, justo cuando asistentes y expositores se preparaban para poner el broche a una Feria que no ha dejado de suceder.

Sin embargo, no es ese el recuerdo con el que queremos quedarnos. No solo el calor, sino el papa, Bad Bunny y todo aquello que junio decidió colar para competir con lo que acontecía en el Paseo de Coches de El Retiro, la Feria mantuvo su pulso: lectores y lectoras que no quisieron perderse a sus autores y autoras favoritos, charlas que nos dejaron la mandíbula dolorida de tanto reír y momentos de complicidad entre casetas que reafirmaron, una vez más, el sentido de comunidad con la suficiente dosis de confianza y cercanía como para compartir un botijo cuando la sed apretaba.

Porque, al final, son esos recuerdos los que nos acompañarán hasta que volvamos al Retiro el próximo año. Y lo haremos, además, bajo una nueva mirada: la de las memorias.

Si el humor permitió habitar la incertidumbre, serán las memorias la forma de reconstruirla. La rueda de prensa del balance provisional fue también el momento de anunciar este giro para la próxima edición, en la que los recuerdos —íntimos, compartidos, humanos— iluminarán la Feria.

La jornada comenzó, además, con la entrega del sello Dis-Friendly por parte de Envera, obra social de Iberia, reconocimiento que distingue a organizaciones comprometidas con la accesibilidad cognitiva y la inclusión de las personas con discapacidad intelectual.

La distinción supone un respaldo al trabajo que la FLMadrid viene desarrollando para construir un evento cada vez más accesible y se suma a otras iniciativas impulsadas en el marco de su actual proceso de certificación conforme a la norma ISO 20121 de gestión sostenible de eventos.

Recordando a quienes abrieron el camino

Durante el último día de Feria, aquellas figuras emblemáticas que han abierto el camino a nuevas generaciones de escritores y creadoras volvieron a hacerse presentes. El homenaje a Jorge Luis Borges a los 40 años de su muerte desplazó el foco desde la figura del autor hacia la experiencia de la lectura. Frente a un Borges convertido en canon —y, por ello, a veces distante—, la conversación insistió en la necesidad de volver a abrir sus libros y reafirmar que siguen dialogando con el presente.

Benjamín Prado reivindicó al Borges poeta, «el que entra por el oído», como su versión más íntima: una escritura atravesada por la emoción, la melancolía y una tradición formal que, sin embargo, suena sorprendentemente moderna.

Desde otro ángulo, Juan Gabriel Vásquez situó en el Borges cuentista una verdadera revolución: un autor que rompió con la obligación de escribir desde lo local y defendió que los escritores «tenemos derecho a la tradición universal», abriendo así la literatura latinoamericana a nuevas formas y referencias.

Por su parte, Raquel Garzón apuntó a un Borges menos solemne de lo que suele pensarse: un escritor íntimo, irónico, incluso cercano, que se revela especialmente en su poesía y desmonta el prejuicio del autor inaccesible.

El homenaje a António Lobo Antunes permitió acercarse también a la memoria de un escritor que hizo de la literatura una forma de vida. Javier Peñas recordó a un autor marcado por la experiencia de la guerra de Angola y profundamente atento a las contradicciones humanas. La lectura de algunas de sus cartas por parte de su hija reveló una voz íntima en la que la literatura parecía surgir de manera natural. Rui Cardoso Martins evocó además su relación con el humor y su admiración por Cervantes, convencido de que no abundan los escritores capaces de hacer reír sin renunciar a la profundidad.

Más que una conmemoración, estas conversaciones propusieron una relectura: entender que un clásico no es un autor cerrado, sino una obra que se activa en cada encuentro con un lector. Un gesto que anticipa el tema del próximo año —la memoria— no como archivo fijo, sino como una experiencia viva que se reconstruye cada vez que alguien vuelve a leer.

Ese legado compartido puede convertirse en una forma de amistad intelectual que atraviesa el tiempo y desdibuja sus límites. En ‘La Generación del 27. María Zambrano’, la mesa giró en torno a la vigencia de la autora y a la forma en que su pensamiento sigue dialogando con el presente. Marifé Bolaños, quien ha trabajado directamente con su obra, describió ese proceso como una especie de convivencia espiritual, marcada por la presencia de «voces tenues que resuenan bajo el ruido del mundo».

En esa misma línea, Mercedes Gómez Blesa señaló que el libro es un espacio para verdades que solo se revelan a quienes están dispuestos a esperar, subrayando además la estrecha relación entre filosofía y educación, entendidas como una misma vocación orientada a la transformación de la cultura y la libertad. Para ella, la razón poética no es solo un concepto, sino una actitud ante la vida. Bolaños añadió que el pensamiento solo cobra sentido si es transformador: cuando la escritura logra afectar al mundo, deja de pertenecer a su autor y pasa a formar parte de algo más amplio, casi fundacional.

Lo frágil del oficio de recordar

El homenaje a Rafael Azcona, en colaboración con el Festival de Cine de Málaga, fue otro de los encuentros que trajeron al presente la figura de un creador clave del cine español. La conversación, protagonizada por Elvira Lindo y Julián Lacalle, y moderada por Cristina Consuegra, no se centró tanto en el humor como en una forma de mirar y recordar desde lo cotidiano, eje fundamental del trabajo de Azcona como guionista y novelista. Su escritura parte de una observación minuciosa: escuchar cómo habla la gente, cómo se mueve y cómo se relaciona, para construir relatos aparentemente sencillos que, sin embargo, contienen una mirada profunda sobre la sociedad. El humor, en este sentido, no es un fin, sino una perspectiva que permite que la crítica emerja sin necesidad de ser enunciada.

Lindo evocó esa mirada en escenas del día a día donde lo absurdo convive con lo íntimo —el duelo, el amor, la risa—, demostrando hasta qué punto el universo azconiano sigue operando en lo cotidiano. Incluso la aparición espontánea de la directora de la FLMadrid, Eva Orúe, sobre el escenario, que ella misma definió como «muy azconiana», terminó por reforzar ese tono entre lo imprevisto y lo familiar, celebrando además la colaboración entre el Festival de Cine de Málaga y la Feria del Libro de Madrid.

El día cerró con los afectos a flor de piel, tras una mañana marcada por la incertidumbre ante un posible —y finalmente efectivo— cierre anticipado. La poeta y rapera Celia Bsoul puso voz a ese final con una declamación de El oficio de ser frágil, frente a un público que apuraba los últimos minutos de la Feria con ganas de despedirse desde lo íntimo, después de una jornada tan intensa.

Aunque el cierre no fue el que muchos hubieran deseado, la 85.ª edición se despide dejando algo que ninguna alerta meteorológica puede alterar: los libros que empiezan ahora su recorrido, las conversaciones que seguirán fuera de El Retiro y los recuerdos que acompañarán a quienes han formado parte de esta Feria. Ahora será el recuerdo el que haga su trabajo: sostener lo vivido y devolvernos a ello cuando volvamos a habitar este paseo.

 

Fotos © Gustavo Valiente

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