Hay días extraños que amanecen sin sol ni lluvia, ni calma ni caos. Solo una feria que, tras casi dos semanas de ritmo constante, avanza con el paso firme y algo cansado de quien ya ha bailado mucho pero no está dispuesto a irse todavía. El cielo encapotado no terminaba de decidirse y, entre previsiones y pronósticos, El Retiro volvía a abrir sus puertas.
La mañana comenzó en el Pabellón Iberoamericano con dos propuestas diferentes, pero con las formas de acercar el lenguaje como punto en común: ‘Leer sin comprender es mirar’, sobre lectura fácil y accesibilidad web y, a las 12:30 en ese mismo espacio, se estrenó la biblioteca de ficción sonora producida por la Biblioteca Nacional de España, un formato innovador que confirma que, en esta Feria, la literatura también se escucha.
El análisis de los datos más recientes del sector editorial ocupó buena parte del mediodía, con la presentación del Avance del Informe de Comercio Interior del Libro de 2024 en la Biblioteca Eugenio Trías, en la que participaron Daniel Fernández, presidente de la Federación Española de Gremios de Editores de España (FGEE) y de la Asociación de Cámaras del Libro de España; Manuel González, vicepresidente de la FGEE y presidente de la Asociación de Editores de Madrid; Roberto Corral, responsable del análisis, y Fernando Benzo, secretario general de la FGEE. La sesión dejó un titular claro: el sector editorial español ha recuperado los niveles de facturación previos a la crisis de 2008, alcanzando los 3 037 millones de euros en ventas en el mercado interior, lo que supone un incremento del 6,3 % respecto a 2023.
Se encadenan así once años consecutivos de crecimiento, y según explicó Daniel Fernández, se habla de la “excepción ibérica”, ya que tanto España como Portugal han registrado subidas más destacadas en la venta de libros que el resto de países europeos. Aunque no hay una explicación clara para este fenómeno, Fernández lo valoró como una buena noticia, incluso si se argumenta que el crecimiento parte de cifras anteriores más bajas.

Uno de los aspectos más interesantes del informe —y que ha llamado especialmente la atención— es la revitalización de los libros de fondo, con un notable repunte en la compra de clásicos, lo que demuestra que no todo es novedad en el hábito lector.
Ante las críticas sobre la sobreproducción editorial, el presidente de la FGEE fue claro: «no sobran libros», y calificó de peligroso hablar en esos términos, recordando que «el mercado nos regula a todos».
Por otro lado, el informe confirma que las librerías y cadenas de librerías siguen siendo el principal canal de venta, sumando el 58,2 % de la facturación total del sector.
La tarde empezaba serena. El Espacio Social CaixaBank acogió un taller de ocio con perros de terapia, organizado por la Fundación Canis Majoris. Una actividad que habla de otras formas de cuidar, de acercarse, de compartir. También a esa hora, en el Pabellón CaixaBank, Rosa Montero y la directora de cine Gracia Querejeta conversaban sobre La buena suerte, novela de Montero que pronto llegará a la gran pantalla.
Y, como cada año, la lluvia hizo acto de presencia. Primero fue un rumor en el cielo; siguió el trueno; y después apretó insistente, furiosa, con granizo incluido. El Retiro se transformó en escena de otro relato: lectores corriendo con bolsas apretadas al pecho, expositores intentando proteger los libros, conversaciones a media voz bajo los toldos. Pero incluso entonces, la Feria seguía ahí. Porque si algo sabe hacer este lugar —y quienes lo habitan— es resistir. La lluvia pasa. Los libros, no.
Precisamente para hablar de resistencia, el Pabellón Iberoamericano acogía uno de los encuentros más potentes del día: ‘Los otoños del poder. Ficción, magia y realidad contra la dictadura’. Con Sergio Ramírez, David Uclés y Ana Campoy, moderados por Daniel Marquínez, se habló de cómo la ficción ha sido siempre una herramienta contra la tiranía. Un refugio, sí, pero también una forma de memoria. Una voz que no se deja silenciar.
Cerró el día una celebración pendiente: los 50 años del infrarrealismo mexicano, en el Pabellón Iberoamericano. Jorge Hernández, Bruno Montané Krebs y Sofía Sánchez, moderados por Iván Vergara, recordaron un movimiento que fue grito, gesto y poema a contracorriente. Organizado por la Embajada de México y el Instituto Cultural de México en España, fue, también, un homenaje a esa literatura que no busca el centro, que incomoda, que insiste. A veces lo malo suena más fuerte, hace más ruido, parece imponerse como la lluvia retumbando sobre las estructuras metálicas de las casetas y pabellones…
Al ruido de la tormenta se impone otro sonido: el de las páginas que se siguen pasando, el de quienes se dejan recomendar desde la calma, debaten con pasión con su escritor favorito. El de quienes, empapados pero firmes, deciden quedarse.


