Hay formas de sostenibilidad que no se miden en toneladas de residuos reciclados ni en emisiones compensadas. Se miden en la capacidad de una sociedad para cuidar aquello que considera valioso y transmitirlo a quienes vienen detrás.
Hoy, el Día Mundial del Medio Ambiente sorprendió a la Feria del Libro de Madrid rodeada no solo de árboles, sino también de preguntas. Cómo preservar un parque histórico como El Retiro. Cómo hacer sostenible un gran evento cultural. Cómo mantener vivas las historias y los paisajes que nos ayudan a reconocernos.
A lo largo de la jornada, personas de la creación cultural y de la ciencia coincidieron en una misma idea expresada de maneras muy distintas: no se protege aquello que no se conoce, y difícilmente se conoce aquello que no se sabe contar.
La sostenibilidad de una feria
Esa reflexión estuvo presente desde primera hora de la mañana, cuando la Asociación de Librerías de Madrid recibió el reconocimiento de AENOR por los avances realizados en la implantación de la norma ISO 20121 para la gestión sostenible de eventos. Como entidad que ostenta la titularidad jurídica y organizativa de la Feria del Libro de Madrid, la Asociación está inmersa en un proceso que busca incorporar criterios ambientales, sociales y económicos a la planificación y desarrollo de los eventos que organiza.
Más que una meta alcanzada, el reconocimiento puso el foco en un proceso todavía en marcha, basado en la mejora continua y en la voluntad de compatibilizar la actividad cultural con la protección del entorno, el bienestar de las personas implicadas y la viabilidad futura de la propia FLMadrid.
Y en esa tarea los libros son clave. La lectura no siempre cambia el mundo de forma inmediata, pero sí modifica la manera en que lo observamos. Al fin y al cabo, difícilmente protegeremos aquello que no hemos aprendido antes a ver.
Aprender a mirar
Algo de eso se puso de manifiesto en la mesa ‘Cómic, medio ambiente y patrimonio: sensibilización ciudadana viñeta a viñeta’, donde Bruno Lanzarote, Ignacio Vleming y Alicia Santurde compartieron mesa con expertos en educación ambiental, y, moderados por Elisa McCausland, reflexionaron sobre el potencial de la narración gráfica para abordar los desafíos ambientales.
La conversación se alejó de los discursos exclusivamente técnicos para centrarse en el papel de la literatura y la cultura como herramientas de sensibilización. Desde el ensayo gráfico hasta la ficción, pasando por la ilustración, los videojuegos o los referentes de la cultura popular, los ponentes reivindicaron la capacidad de los relatos para generar comunidad, despertar preguntas y acercar cuestiones complejas a públicos que quizá no se aproximarían a ellas desde otros ámbitos.
También se preguntaron cómo influyen esas narraciones en nuestra manera de relacionarnos con el entorno. Porque la conciencia ambiental no se construye únicamente a partir de datos o normativas, sino también a través de las historias con las que aprendemos a mirar el lugar que habitamos.
Más que convencer a quienes ya comparten una preocupación ambiental, se trataba de ampliar la conversación y de construir imaginarios capaces de hacer visible la relación entre ciudadanía, patrimonio y naturaleza.
La idea de las raíces apareció también, desde otra perspectiva, en el encuentro ‘Los viajes equivocados, las esperanzas indefinidas y la creación literaria’. Odette Casamayor describió al escritor desplazado como una figura diaspórica por naturaleza, alguien que avanza por el mundo cargando con distintas raíces. Valeria Correa Fiz habló de la extranjería como una pérdida de capital simbólico. Y Juan Carlos Méndez Guédez recordó cómo la escritura le ayudó a reconciliarse con el desarraigo.
Sus intervenciones parecían recordar que los lugares no existen únicamente en el territorio físico. También sobreviven en quienes los recuerdan, los narran o los echan de menos.
Quizá por eso la relación entre la FLMadrid y El Retiro trasciende la mera ubicación. Después de casi seis décadas compartiendo espacio, el parque se ha convertido en hogar de los libros y en parte de la identidad de la Feria, tanto como las casetas o los lectores y lectoras que la recorren cada año.
Las raíces de las historias
La memoria de los lugares apareció una y otra vez a lo largo de la jornada. A veces vinculada a las ciudades y a las migraciones; otras, al paisaje y a los árboles que acompañan nuestra vida cotidiana. Porque también ellos guardan historias.
En ‘Señales del mundo’, Fernanda Trías, Mariana Matija y Gabi Martínez reflexionaron precisamente sobre esas conexiones entre territorio, memoria, cuerpo y crisis ecológica. Esta charla invitó a pensar el paisaje no como un mero escenario, sino como una realidad que influye en nuestra forma de vivir, recordar y relacionarnos con el mundo.
La imagen más singular del día llegó, sin embargo, al caer la tarde. En ‘Raíces, encuentro de ecopoesía’, coordinado por Bernardo Santos e Isaías Griñolo, y presentado por Miguel Ángel Vázquez, librero de La Imprenta (caseta 81), seis poetas se reunieron junto al ahuehuete y al tejo centenarios de El Retiro para recitarles sus versos. No al público. A los árboles. Los asistentes actuaban como testigos silenciosos de un diálogo poético entre dos ejemplares cargados de historia: uno procedente de América y otro europeo. Entre lectura y lectura, el poeta y jardinero Jesús Bonilla explicó el significado histórico y botánico de ambos árboles.
Entre las casetas
Pero las preguntas planteadas durante la jornada no se quedaron en los escenarios. Entre las casetas, algunas librerías han querido dar visibilidad a estas cuestiones a través de sus propios fondos. Es el caso de la Librería Diógenes (Alcalá de Henares) (caseta 81), que ha llevado a la Feria un amplio catálogo especializado en ecología, biodiversidad, conservación de la naturaleza, filosofía ambiental y ecopolítica.
La búsqueda de otras formas de relacionarse con los libros también estará presente este fin de semana en el Espacio Indómitas, que renovará sus proyectos participantes con la incorporación de editoriales y colectivos procedentes de distintos países. Entre ellos figuran Meninas Cartoneras, Gabinete Paratextual, Calipso Press, La Diligencia o Kikuyo Editorial, propuestas que exploran nuevas maneras de editar, compartir y pensar los libros.
Con el sonido del cierre de las casetas de fondo, los poemas seguían resonando entre el ahuehuete y el tejo centenarios de El Retiro. Y las preguntas quedaban abiertas. También para los lectores y lectoras.


