Parque de El Retiro, del 29 de mayo al 14 de junio
LUNES-VIERNES: 10:30-14:00 y 17:00-21:00
SÁBADOS Y DOMINGOS: 10:30-15:00 y 17:00-21:00

Cuando la Feria rima con encuentro

CRÓNICA DEL DÍA

El día amaneció con nubes suaves y una temperatura perfecta. El cielo —como quienes, día tras día, se plantan ante el público con su mejor cara— parecía hacer equilibrios para que esta Feria, ya en su recta final, luciera en su último viernes tan bonita, tan dispuesta, tan acogedora como en la inauguración. Lista para recibir los versos de sus visitantes más románticos.

Y es que, a veces, todo lo que queremos contar, todo lo que deseamos compartir, cabe en un poema. En esta Feria desborda: la denuncia, el homenaje, la ausencia, la superación, la aceptación… Incluso el bochorno de junio, los paseos abarrotados, las tensiones del cierre. Porque la poesía no siempre rima, pero cuando lo hace —como hoy—, se siente en el aire. Y la Feria se convierte en un espacio de alegría compartida.

A primera hora, en la Biblioteca Eugenio Trías, La novela olvidada en la casa del ingeniero, de Soledad Puértolas, protagonizaba el club de lectura de la Universidad Complutense. Un ejemplo más de la larga lista de clubes que han pasado por aquí este año: algunos multitudinarios, otros más íntimos, todos llenos de lectores que se reúnen, también el resto del año, en librerías, centros culturales y universidades. Esta ha sido, sin duda, una Feria importante para ellos. Por primera vez, los clubes de lectura cuentan con un reconocimiento a su labor: el I Premio Club de Lectura, impulsado por la editorial De Conatus. De quienes se encuentran en torno a un libro pasamos a quienes se reencuentran entre sí. Porque este viernes resonaba ese ¡por fin nos vemos! que recorre las casetas en forma de abrazo, de charla inesperada, de paseo entre libros y miradas cómplices. La Feria, además de libros, es también la gente que se cruza, que se busca, que se celebra.

Con ese mismo espíritu de reencuentro, el Pabellón Europa acogía el homenaje a Luisa Carnés en el 120 aniversario de su nacimiento. Su nieto, Juan Ramón Puyol, compartía mesa con Marta Sanz y Daniel Álvarez Prendes para recordar la vida y la obra de una autora que sigue encontrando nuevas lectoras, generación tras generación.

Una hora más tarde, a las 19:00, se hablaba de adicciones y dependencias, de cómo desmontar los mitos románticos que todavía las rodean. En ‘La dependencia: decantar la adicción’, Julia Werts y Sofía Balbuena ofrecieron un diálogo honesto, valiente y necesario.

Y justo después, la poesía volvía con fuerza, en forma de homenaje desbordante —y desbordado—. ‘Todos los poetas de Nueva York’, un acto para celebrar a Federico García Lorca, colgaba por primera vez el cartel de aforo completo en el Pabellón Iberoamericano. Con tanta pena como orgullo por quienes no pudieron entrar. Pep Olona, Marcos Almendros, Daniel Montero Galán y Juan Domingo Aguilar compartieron sus reflexiones sobre el poeta, antes de que una cascada de versos tomara el escenario: Mario Obrero, Andrea Abello, María Gómez Lara, Inmaculada Lara Bonilla… Una tras otra, las voces resonaban entre emoción contenida y ovación rendida.

Como broche, el Coro Iberoamericano puso al público en pie con una ovación final que sonaba a celebración colectiva, a tributo merecido, a Feria en plenitud.

Como si el día no quisiera apagarse, a las 20:30 el Pabellón CaixaBank volvía a llenarse para ‘La desobediencia: cuerpos y lenguajes subversivos’, una conversación entre Fernanda Eberstadt y Gabriela Cabezón Cámara, moderada por Nadal Suau, en torno a la reconfiguración del amor, el deseo y el poder. También eso cabe en la poesía.

La tarde fue subiendo en bochorno… y en visitantes. El Retiro parecía más lleno que nunca, y solo se vació cuando no quedó más remedio. Porque hoy la Feria cerraba una hora más tarde, y nadie tenía prisa.

Seguimos, a punto de coronar una Feria que, a través de los versos, celebra la lectura compartida, la voz que se alza, el reencuentro que se repite, el club que se reúne, la emoción que no se disimula. Porque si algo nos deja este viernes es la certeza de que la poesía no es solo una forma de escribir: es una forma de estar. Y de compartirnos.

Fotos © Gustavo Valiente

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