Parque de El Retiro, del 29 de mayo al 14 de junio
LUNES-VIERNES: 10:30-14:00 y 17:00-21:00
SÁBADOS Y DOMINGOS: 10:30-15:00 y 17:00-21:00

La literatura como forma de resistencia

La literatura como herramienta de resistencia, la lucha contra la desinformación, la escritura desde los márgenes y la capacidad de la ficción para imaginar otros mundos protagonizan una jornada que reivindica el poder de los libros para construir comunidad.

La literatura también resiste.

Lo hace cuando cuestiona los discursos dominantes, cuando recupera voces relegadas a los márgenes o cuando ayuda a imaginar futuros distintos. Pero también cuando crea comunidad: cuando reúne a lectores, autores, libreros, editores y otros profesionales del libro alrededor de una conversación compartida.

Durante la jornada de hoy, ese espíritu de resistencia recorrió la Feria del Libro de Madrid. Estuvo presente en las casetas, en las largas colas bajo el calor, en los encuentros entre lectores y autores y, sobre todo, en una programación que invitó a reflexionar sobre algunos de los desafíos más urgentes de nuestro tiempo.

A lo largo del día, ese espíritu atravesó las conversaciones, donde la palabra no solo sirvió para contar historias, sino también para cuestionar, imaginar y reunir. Porque en ese ejercicio de decir y escuchar se activa algo más profundo: la posibilidad de construir comunidad y de ensayar, desde la literatura, otras formas de estar en el mundo.

Resistir a la desinformación

Temprano por la mañana quedó claro que la resistencia también necesita organización. En las sociedades democráticas actuales, uno de los principales desafíos es la polarización: un fenómeno que endurece las posiciones, dificulta el diálogo y crea el terreno propicio para la expansión de la desinformación.

En ‘Leer para resistir, un combate contra la desinformación’, Rut Bermejo, Lara Lázaro y Ángel Badillo, del Real Instituto Elcano, pusieron el foco en cómo los discursos falsos encuentran espacios de expansión especialmente sensibles en ámbitos como la inmigración o el cambio climático. Frente a ello, defendieron una tarea paciente y constante: reforzar las fuentes fiables, contextualizar la información y hacer accesibles los temas complejos también en internet. Una labor que requiere rigor, responsabilidad y, en ocasiones, incluso humor.

La escritura desde los márgenes

En el Pabellón Iberoamericano, la conversación giró en torno a la escritura desde los márgenes y a la posibilidad de un canon imposible, concepto que dio nombre al encuentro protagonizado por Fernanda Trías, Brenda Navarro, Bruno Galindo y Carlos Pardo.

Lejos de las tendencias dominantes y de los consensos fáciles, los participantes defendieron una literatura que incomoda, desplaza y obliga a mirar desde otros lugares. Brenda Navarro explicó cómo parte de su trabajo consiste en cuestionar determinadas imágenes de Latinoamérica instaladas en el imaginario español, obligando al lector a enfrentarse a sus propios prejuicios.

Esa voluntad de fricción atraviesa muchas de las obras que nacen fuera de los circuitos más previsibles. Textos que no buscan agradar ni confirmar certezas, sino ampliar los límites de lo que somos capaces de pensar. Carlos Pardo lo resumía señalando que es precisamente en aquello que se aparta del canon donde la literatura encuentra gran parte de su riqueza.

Imaginar otros mundos

Esa riqueza adopta formas muy distintas, pero todas apuntan hacia una misma necesidad: la de imaginar otros mundos posibles.

En ‘Autores entre lectores V. La extrañeza como método’, Jacobo Delgado y Miguel Garrido de la Vega reflexionaron sobre la capacidad de la ficción para alterar nuestra mirada sobre la realidad. La literatura apareció entonces como una herramienta capaz de sostenernos cuando el mundo se vuelve excesivamente complejo o incierto, una forma de ampliar la experiencia humana y de encontrar sentido allí donde la vida cotidiana parece insuficiente.

La conclusión llegó en forma de una frase que condensó buena parte del espíritu de la jornada: «La literatura es la prueba de que la vida por sí sola no basta».

Las casetas como espacios de comunidad

Más allá de las mesas y los micrófonos, ese mismo espíritu se percibía también en las casetas.

A menudo se olvida que cada una de ellas es mucho más que un punto de venta. Son la extensión temporal de librerías, editoriales y proyectos culturales que durante todo el año trabajan para sostener espacios de encuentro, pensamiento crítico y conversación. Detrás de cada mostrador hay comunidades de lectores, recomendaciones compartidas, apuestas culturales y una forma concreta de entender la ciudad.

La Feria reúne durante unos días esos ecosistemas diversos y los convierte en una gran conversación colectiva. Una conversación en la que participan todos los agentes de la cadena del libro y que demuestra que la cultura sigue siendo uno de los lugares donde es posible encontrarse con quienes piensan distinto, escuchar otras voces y ensayar formas más abiertas y complejas de comprender el mundo.

Mientras tanto, la Feria del Libro de Madrid seguirá propiciando espacios de cultura y comunidad donde las ideas puedan circular libremente y donde la literatura continúe ejerciendo una de sus funciones más valiosas: ayudarnos a mantenernos críticos, íntegros y compasivos.

 

Fotos © Gustavo Valiente

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