En este primer domingo de junio —y primer domingo de Feria— nos entregamos a la memoria, al recuerdo y a la celebración del paso del tiempo, al que nuestra mejor literatura sobrevive.
El ritmo de la mañana fue creciendo, al igual que el calor. Los primeros visitantes deambularon con calma por la Feria, curioseando en las casetas más tranquilas o formando las primeras colas de firmas. En las terrazas, el café y los libros compartían mesa.
Echar la vista atrás, con nostalgia y orgullo, fue hoy una constante en los eventos programados.
A las 12:00, en el Pabellón Europa, el legado de Joseph Roth ocupó el centro de la conversación entre Sergio del Molino y Guillermo Altares, que reflexionaron sobre la vigencia del autor austrohúngaro ante las nuevas amenazas autoritarias en Europa. Un elogio a la lucidez con la que Roth retrató un continente en descomposición, con la mirada puesta en el pasado como advertencia y como herramienta para entender el presente.
A esa misma hora, otros actos expandían el horizonte del recuerdo.
En el Pabellón Iberoamericano, Maielis González, Natalia García Freire y Laura Chivite abordaron la literatura fantástica y la ciencia ficción como herramientas para imaginar —y también interrogar— nuestro tiempo.
En la Biblioteca Eugenio Trías, Gabriela Wiener presentaba Yeguas de Troya, un viraje hacia el sur de la editorial Caballo de Troya para vestirse libre, feminista y rompedora. Una transformación con vocación de herencia, y al mismo tiempo, de ruptura.
Pasado el mediodía, el calor se hizo más evidente. Aun así, quienes seguían en busca de una firma o de una conversación resistieron estoicamente la espera. La Feria, incluso bajo el sol, no solo no perdía ritmo, sino que rebosaba actividad en el Pabellón CaixaBank, donde tuvo lugar la conversación en torno a Fragmentos de un discurso amoroso, de Roland Barthes.
Las presentadoras del pódcast Punzadas sonoras, Paula Ducay e Inés García, junto a la cineasta Elena López Riera, compartieron una lectura íntima, crítica y personal sobre las formas de entender el deseo, el lenguaje y las heridas que deja.
En el marco de la conmemoración por los 80 años del Premio Nobel concedido a Gabriela Mistral, la Embajada de Chile en España organizó un homenaje en el Pabellón Iberoamericano, en el que se reivindicó el legado —todavía en parte inédito— de la autora. El embajador de Chile, Javier Velasco, abrió el acto cuestionando la escasa presencia de mujeres latinoamericanas entre los grandes galardones literarios, recordando que desde Mistral, ninguna otra ha recibido el Nobel. Tras la proyección de vídeos con lecturas de sus textos a cargo de autoridades chilenas, se celebró un coloquio entre la escritora Lina Meruane y el experto Luis Vargas. Ambos coincidieron en que «la Mistral todavía se está descubriendo» gracias, en gran parte, al archivo legado por la familia de Doris Dana —su pareja— y recuperado en 2007.
Para Meruane, Gabriela Mistral «resucita con un traje transgresor y pionero que viene hoy a iluminar otras figuras». Vargas, por su parte, alertó sobre el riesgo de reducir su figura a la chismografía o de encasillar su obra únicamente en clave de género, señalando sin pudor alguno que «los medios resucitan a Mistral porque era lesbiana, pero su obra va mucho más allá». Subrayó, además, la dimensión ecológica de su pensamiento, y su amor por la naturaleza como otro de los aspectos que hacen de su obra una voz actual.
Poco antes, entre pabellones, se hablaba de tinta en la piel. En una conversación que desbordó géneros y soportes, escritores y periodistas reflexionaron sobre el tatuaje como forma de literatura viva. Lo que permanece, lo que se escribe para no olvidarse: otro tipo de memoria.
Con el sol cayendo, el homenaje a Julio Camba, en el estand de RTVE, reunió a dos de las editoriales que en España han contribuido a recuperar al escritor y periodista gallego: Renacimiento y Fórcola. A los dos editores —Abelardo Linares y Javier Jiménez, respectivamente—, se unió el periodista y escritor Alfonso Armada. Juntos repasaron el recorrido de Camba: desde su juventud anarquista —colaborando con cabeceras como Tierra y Libertad— hasta su consagración como una de las grandes plumas del ABC.
Se habló también de su individualismo, de su humor incómodo al poder, y de su estilo inconfundible, que situó el periodismo español a la altura de las letras internacionales. Los tres ponentes coincidieron en la necesidad de seguir reivindicando a figuras como Camba, cuya obra combina lucidez, ironía y un dominio del lenguaje que merece un lugar en el canon del periodismo en español. Se destacó también la labor de sus biógrafos, Pedro Ignacio López y Francisco Fuster, responsables de rescatar su trayectoria y devolverla al debate contemporáneo.
El día terminó por todo lo alto, con un homenaje a la literatura de la mano de dos editores que han convivido con grandísimos autores de España e Iberoamérica. En el último acto, ‘Memorias literarias’, Miguel Munárriz y Juan Cruz conversaron sobre el oficio de contar, y sobre los vínculos entre lectura, vida y escritura.
Entre anécdotas, nombres y recuerdos, el cierre del domingo se convirtió en una invitación a mirar atrás sin nostalgia, leyendo las primeras páginas de una historia que sigue escribiéndose de feria en feria.


